Compostaje urbano en Colombia

Estamos ante un cambio de paradigma mundial. Cada vez más, la agricultura urbana va ganando territorio. Sin embargo, en cierto modo, la implementación de esta actividad siempre depende de las condiciones particulares de cada ciudad y las necesidades de corto y largo plazo de sus comunidades.

En la actualidad, el sistema alimentario global se enfrenta a retos tales como la explotación de los trabajadores, la falta de acceso a alimentos frescos, la práctica de monocultivos, la producción de bio-combustible o la acumulación de desechos orgánicos.

Por este motivo, el modelo de producción agrícola en los campos de algunos países de Latinoamérica se complementa con estrategias de agricultura urbana –compostaje–. Este mecanismo posibilita una fuente de abastecimiento local, evita la explotación de los recursos naturales y trae beneficios socio-culturales para los agentes involucrados.


Un referente en Colombia

En el centro-sur de Antioquia (Colombia), dentro del Valle de Aburrá, faltan programas de aprovechamiento integral de residuos orgánicos por parte de las instituciones.

Esto llevó a que Luís Aníval Sepúlveda, habitante de la comuna 12 en el barrio de Santa Lucía, diseñara un sistema de compostaje en el patio de su casa para que los vecinos pudiesen llevar los residuos orgánicos que generan. De esta manera, además de hacer de los desechos un nuevo recurso, se evita que estos terminen en el río Medellín.

A día de hoy, Sepúlveda recibe 80 kilos diarios de residuos, los cuales pasados 45 días son reutilizados, vendidos o donados a vecinos de la zona para ser usados como abono en sus huertos.

Este hecho, además de ser económico y sustentable, concientiza a la población acerca de la importancia y necesidad del reciclaje, además de aportar innovaciones en el diseño de micro-infraestructuras fáciles y accesibles que pueden ser replicables tanto a escala local (a nivel de municipio) como particular (en cada vivienda).

En paralelo, el propio Sepúlveda –junto a un grupo de ambientalistas– creó en 2012 la empresa Earth Green, un sistema de compostaje patentado a escala real. Éste puede funcionar tanto en pequeños hogares, hospitales, colegios y en pequeños municipios de hasta 20.000 habitantes.

Más de 100 urbanizaciones de Medellín ya cuentan con este sistema, generando 4 toneladas diarias de compostaje que es utilizado en zonas verdes, jardines particulares y departamentos.

Hoy, la administración municipal de Medellín ya ha emprendido un programa para darle uso a la basura orgánica; desde la Secretaría de Medio Ambiente se convocó a líderes comunitarios, familias y propietarios de fincas para que pudiesen recolectar todo tipo de residuos, aunque tal como Sepúlveda menciona en una entrevista en El Tiempo: “En Medellín no hay la capacidad de que un operador pueda acceder a esos desechos, tendría que cambiar todo el sistema de recolección, que en la ciudad es desbordante. Mientras que en los corregimientos sí lo hemos logrado”.

En un mundo cada vez más urbano y conectado, este tipo de soluciones son una alternativa más para garantizar la sostenibilidad de las ciudades. Y representan una oportunidad tangible para los ciudadanos de participar y conectarse con el sistema global de alimentos y, además, es una forma de facilitar herramientas y conocimientos para que las comunidades puedan pedir cambios a sus gobiernos locales, nacionales y entidades privadas.

Paralelamente, en Medellín hay también colectivos y grupos individuales que se dedican a hacer huertos públicos en los barrios: gente que quiere cambiar sus hábitos y apuesta por compartir e inspirar a otros, sin la intención de convertir sus proyectos en modelos “gentrificadores”. A través de las redes sociales, estos colectivos decidieron agruparse y crear la ‘red de huerteros de Medellín’ para compartir consejos, ideas y soluciones para mejorar sus ciudades desde el punto de vista ecológico.

De esta red surgieron proyectos como la casa de la cultura Los Alcázares, las bibliotecas de La Floresta y la Quintana, trabajos comunitarios en las comunas de El Poblado, Belén y Manrique. De allí, derivan también otros proyectos artísticos y culturales, como AgroArte y la Casa Morada. Grandes referentes urbanos de donde otras ciudades del mundo podrian aprender, o inspirarse para implementar y fortalecer los sistemas “verdes”, pensados desde el conocimiento local.

En momentos en que los gobiernos locales poseen presupuestos limitados para resolver problemas urbanos, los espacios verdes productivos serán cada vez más importantes en su capacidad de funcionar como micro-soluciones de bajo costo.

En definitiva, la agricultura urbana y lo que deriva de ella juega un rol importante como infraestructura verde productiva para las ciudades –y las clases menos pudientes– proveyendo servicios medioambientales a través del manejo y mitigación de aguas pluviales, desechos y reducción del uso de energía.

Fuente: El País (15.03.17)

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