Primeros estudios sobre calidad de aguas de uso recreativo en CABA

Mientras que el agua de los lagos porteños en promedio presenta condiciones ambientales aceptables, las de Puerto Madero están fuertemente contaminadas, de acuerdo con un estudio realizado por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Palermo, con el apoyo del Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (Cesba). Los análisis de muestras recogidas por especialistas en las inmediaciones del Puente de la Mujer detectaron microorganismos riesgosos para la salud humana en valores que superan 110 veces el límite máximo permitido.

“No hay que confundir suciedad con contaminación. En Puerto Madero no se ve basura flotando en el agua. Parece estar limpia. Pero sin embargo hay contaminación microbiológica y química. Por ejemplo, tiene 9300 bacterias coliformes fecales por centímetro cúbico, cuando en las aguas recreativas ese valor debe ser 0, es decir, no debe haber nada. Esas bacterias están porque se vierten efluentes cloacales al Río de La Plata”, advirtió Mónica López Sardi, la doctora en química que dirigió la investigación.

En Puerto Madero, muestras recogidas desde el Puente de la Mujer arrojaron un valor de microorganismos coliformes totales 110 veces mayor al máximo permitido. Esto indica contacto de las aguas del río con aguas negras o cloacales. Los análisis de coliformes fecales –enterobacterias presentes en los líquidos cloacales y en las heces humanas y animales– arrojaron un valor miles de veces mayor a lo permitido. De esos coliformes, la principal bacteria del grupo es la Escherichia coli, responsable más frecuente de infecciones urinarias y gastrointestinales. Algunos tipos de E. coli son aún más peligrosos, y pueden causar desde  meningitis hasta síndrome urémico hemolítico.

En tanto, los lagos que se encuentran en la ciudad de Buenos Aires presentan niveles de sanidad dispares. El ranking de calidad de las aguas porteñas de uso recreativo, tiene en el primer puesto al lago de Parque Centenario,; en segundo, al  Regatas, en Palermo; en tercero, al del Planetario; y, en cuarto, al de Plaza Holanda. En todos los casos, los indicadores contemplaron que se trata de aguas no destinadas al consumo humano, advirtieron los especialistas a cargo de la evaluación ambiental de su calidad, que se enmarca en un proyecto más amplio de estudio de ecología urbana.

“No hay muchos estudios sobre ecología urbana, y en los que hay, el agua se estudia sobre todo en relación con el consumo humano”, observó López Sardi. Desde 2014, por primera vez en la historia, más de la mitad de la población mundial reside en megaciudades, aglomerados urbanos con más de 10 millones de habitantes; mientras que las más grandes del mundo están ubicadas en Asia y América del Norte, Buenos Aires ocupa el lugar número 12 dentro del ranking de megaciudades mundial. “Y a raíz del aumento de las megaciudades, que cada vez son más ‘mega’, empieza a haber necesidad de estos estudios”, detalló la especialista, para quien, “como la megaciudad es un objeto de estudio nuevo, se abre un mundo para la investigación”.

Para evaluar la calidad del agua, se determinó el Índice de Calidad del Agua (ICA) –desarrollado por la Fundación de Sanidad Nacional de los Estados Unidos–, cuya estimación surge de la combinación de los resultados obtenidos en los test de oxígeno disuelto, demanda biológica de oxígeno, coliformes fecales, pH, nitratos, fosfatos, desviación de la temperatura, turbidez y sólidos totales. Los valores de los nueve parámetros mencionados se combinan matemáticamente para obtener la calificación ambiental del curso o espejo de agua. El valor del índice puede ir de 0 a 100: cuanto más alto su valor, mejor es la calidad ambiental del agua. Esa fue la metodología que se aplicó al análisis de los lagos de Regatas, el planetario, Plaza Holanda, Parque Centenario y Puerto Madero.

La mejor calidad de agua se observó en el lago de Parque Centenario, que arrojó un ICA de 70,47, con lo que el agua fue considerada completamente apta para usos recreativos, aunque teniendo la precaución de no ingerirla. La baja inhibición del desarrollo en el crecimiento de las raíces observado en el test de Allium cepa realizado permite desestimar la posibilidad de biotoxicidad de las aguas analizadas.

El Lago de Regatas arrojó un ICA de 60. Desde la década de 1990 el lugar está al cuidado de la empresa AySA. En este lago se detectaron altos niveles de cromo que pueden deberse a lluvias intensas con sudestada en fechas próximas a la toma de muestras. En estas condiciones, advirtió el estudio, es inevitable la entrada de un cierto volumen de efluentes cloacales al lago, debido al retroceso de las aguas del arroyo Vega.

El lago del Planetario presenta un valor de ICA de 51. El estudio de los antecedentes de este lago demuestra una tendencia al desarrollo de algas en sus aguas, que se repite periódicamente. También se observa una mayor tendencia a arrojar basura a sus aguas, lo que en 1999 provocó una gran mortandad de patos. En tanto, el lago de Plaza Holanda presentó valores de ICA de 35, lo que indica que sus aguas presentan una calidad muy baja.

Frente a la alta contaminación del agua, Mónica López Sardi consideró que “el deterioro observado en los lagos de uso paisajístico y recreativo podría minimizarse mediante acciones sencillas como un aireamiento más intenso y un favorecimiento del reciclaje biótico, introduciendo especies cuyos sistemas de raíces, en forma conjunta con los microorganismos del suelo contribuyan a la purificación del agua. El problema es que los lagos y el río en Buenos Aires y los alrededores se usan mucho para actividades recreativas. Y esas aguas no son aptas. A la altura del Tigre, donde se entrena la selección de remo, hay hasta heladeras flotando”.

Otras ciudades, como Londres, sanearon sus ríos. “Limpiar y descontaminar los cursos de agua después de tantos siglos es muy costoso. Y convengamos en que en nuestro país hay cosas más urgentes. Pero ya tenemos que empezar a considerar el problema. No sólo es cuestión de plata. En países ricos de Europa, en algunos casos se hizo bien y en otros no. El Támesis es un ejemplo de trabajo bien hecho, y el Danubio, uno de un mal trabajo”, detalla López Sardi. “La Acumar está haciendo un buen trabajo respecto de la limpieza del agua y de las márgenes, la relocalización de la gente que vivía ahí. pero no está descontaminando. Para eso hacen falta acciones técnicas específicas, que no se están llevando a cabo”, desarrolló la doctora.

Fuente: Página 12 (19.04.17)

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